jueves, 7 de agosto de 2008

Ultimo día en Buenos Aires, por Albert

Lluvioso y frío, como no podía ser de otra manera. Comenzó temprano, 9,30AM en el dentista, en Arenales y Uriburu. Siguió en Puerto Madero, en la cola para darme la vacuna de la fiebre amarilla. Más tarde en avenida Corrientes, por error, con despedida de Obelisco. Pasada rápida por la escribanía, gestión de últimos poderes y certificación de firmas. Corrida a buscar las últimas 10 cajas de Tropicur por Farmacity; compras de último minuto en la librería y despedida del box de Vanina, mi depiladota, en el local de Mónica Brenta de Cabildo y Virrey del Pino. Mientras me estoy haciendo la media pierna cavada me llama un tal Jorge, de New York, desde el cuartel general de Control, diciéndome que no tengo visa para Indonesia y que espera instrucciones… “¿De quién?”, le pregunto. “Suyas”, responde. No puedo estar más confundida. Mientras Vanina arranca con profesionalismo las tiras de cera negra, le respondo que no estoy en condiciones de dar instrucciones a nadie. “Ok”, suena resignado “Veré como puedo solucionarlo desde aquí”. Mi pierna ya está inmaculada, cambio de esmalte, último brushing porteño y a correr y correr a terminar con las valijas. Me espera mi papá, leyendo el diario. La conferencia de prensa y la visita de Lula son los temas que tocamos mientras me tomo un café con leche con Criollitas más paté y queso Tolem, mi primera comida del día a las 5PM de la tarde. Intermitentemente, suena el teléfono. Amigos y familia que llaman para despedirse y desearme suerte. Dicen que me quieren mucho, que me desean lo mejor y que me van a extrañar. Cada hora, minuto y segundo de esta jornada transcurre como si se tratara de una alucinación constante, como si no me estuviera ocurriendo a mí, sino a alguien más, alguien lejano y remoto. Mi cabeza está embotada y mis reflejos un tanto lentos. A cada llamado temo parecer fría y distante, como si nada me importara, sin saber mucho cómo retribuir tanto afecto. A medida que la tarde se transforma en nochecita me cuesta cada vez más mostrar algo de lo que sucede adentro mío. Mucho nervio, mucho susto, mucho miedo, y esa sensación de estar abandonando a los que me quieren, cerrando una casa, dejando a quienes trabajaron conmigo los últimos años, desamparando a mis plantas, mis libros, mis cuadros, mis cajitas, mis cosas, los rincones, las cacerolas, los platos. Corro a la juguetería: le prometí a Emma un regalito adelantado por el día del niño. Le compro un disfraz de Blancanieves, la cocinita de Barbie y el Juego de la Oca. A Eloísa le compro un muñeco de Barnie que canta “Te quiero yo y tú a mí!”. Pero Eloísa lo mira con desconfianza y llora mientras Emma revuelve todo, vestida ya con su disfraz nuevo, que le encanta. Y llegan a casa MP, SR, CS, MR, ML, NT… tan queridas. Otra llamada de Control, esta vez desde la isla: la visa a Indonesia se hará desde a mi llegada a Bali. Ultima cena: pollo al horno con papas, berenjenas, zapallo y un morrón. Y mi incansable “Silvio, no te olvides de esto… Silvio, no te olvides de lo otro… Silvio, ¿vas a poder con todo?”. Y Silvio que dice que sí querida, que no te preocupes, que va a estar todo bien. “Pero Silvio”, insisto, “¿te vas a acordar de todo?” (y vale la pena aclarar que cuando digo todo estoy diciendo TODO). Y Silvio repite que sí querida que se va a acordar de todo (aunque muy probablemente en el mismo momento en que lo esté prometiendo no tenga ni puta idea de a qué de los cientos de miles de ítems de su to do list yo esté haciendo referencia). Ultimo café con MP y después, visita del honorable FP, quien sufre resignadamente y con gran entereza de su abrumador éxito profesional: parece que ahora va a salir en la revista Nature, donde ya le hicieron un reportaje (“Algo menor”, aclara, obviamente, mientras me felicita con sinceridad y afecto). Emma me reclama: quiere ver la película de FRUTILLITAS, pero yo me niego: eso sí que no, lo que quieras Emma, pero FRUTILLITAS por favor no, hija mía, que es tarde y estoy agotada. Emma llora: “Mamá, antes te gustaba FRUTILLITAS”, reprocha y entonces negociamos en ver un capítulo más de HEIDI. Estamos en Frankfurt, la Señorita Rottermaier maltrata a Heidi mientras Clarita aguarda la llegada de su Abuelita. El sonido es infame, la calidad del DVD pésima y Emma propone: “¿Y si nos dormimos?”. Eran la 1AM de la mañana del martes y así se apagaba la luz de mi último lunes en Buenos Aires.

4 comentarios:

Ana Laura dijo...

oliva.Albert,
Hola! Aqui desde el oeste de la región pampeana, te estamos pensando. Le compré el primer Atlas a mis sobrinos para mostrarles dónde vivirá Emma y su flia.
Leí las crónicas de tu último día en Buenos y ... me generó ternura, risa y un poquito de agobio. Pero qué bueno saber que tanta gente los quiere y los alienta a cumplir con esta gran aventura. Y que la empezaste bella como siempre!
Estamos ansiosos por la próxima entrega!
Un abrazo fuerte desde una Trenque Lauquen soleada, ventosa y llena de cardos rusos...
Los Bellotto - Oliva

Adriana dijo...

ayyyyyyyyyyyyy hermana mía....excelente descripción de tu último día. Lo que no entiendo es porque tanto rechazo de tu parte hacia las adorables "FRUTILLITAS".
Comparto que ver Heidi tiene un tinte más nostalgioso y familiero, además que las similitudes son asombrosas.
1) Heidi también realizó un largo viaje para conocer a Clarita
2) antes de partir no ceno pollo al horno con papas, berenjenas, zapallo y un morrón pero si su acostumbrado pan con queso de cabra y un tazón de leche
3) seguramente antes de partir le habrá dejado mil indicaciones al pobre Peter sobre todo para con el cuidado de sus dos cabritas preferidas (recordemos que Heidi tenía 2 cabras que quedan al cuidado de este joven.
4) cabe preguntarse si Heidi se habra depilado la entrepierna atrás de alguna montaña antes de partir
5) esperemos que el tal Jorge no sea la señorita Rottermaier disfrazada

besos enormes
adri

Familia Parraud dijo...

Albert! todo el agobio del último momento! Conociendo a Silvio se va a acordar del 50% de los encargos tuyos y de otro 50% que vos no te acordarías nunca! De hecho no creo que vaya a cortarse el pelo antes de viajar, ¿vos si crees? Solución: mandale un mail con los To Dos... y llegarías como a tu 60% y a su 40%... Detrás de los Andes, los Parraud lamentamos no poder hablar con vos antes del viaje. SkyPE mediante hablaremos pronto.

Marina dijo...

Albert....leyendo lo que dice mi marido, me divierte...pero es cierto, las chicas van a estar bien! Le tengo más fe a tu marido, que al mío...jejeje, aunque si me pongo a pensar en el primer regalo que le hizo a su ahijado, recién nacido...no sé...una caja de 48 crayones....mhmhmh, pero en el siguiente viaje lo hizo bien, así que así será para con sus hijas, también, por ahí la primera vez la embarra, pera la segunda vez la sacará adelante!!! No te preocupes mucho...las nenas van a estar bien. Y los to do, bueno, estoy segura que lo más importante, (para él, obvio) se va a acordar...y de los otros, lo harás acordar vos...y si puede los hará y sinó, tendrá buenas razones, o excusas...No te preocupes mucho...no lo podés arreglar. Besos .